No soy el siervo de los presidentes del país de la tierra, ni de los Yaveh del país del cielo. No inmolo víctimas para ninguno de estos generales mal vestidos. Ni suplico ni me arrodillo por ningún perdón, ningún indulto, ningún saludo, ninguna moneda. Recuerdo que fui abatido, que tuve otro señor. Para recordarlo, sigo en pie. No me inclino, no me doblego. Sigo en pie con la cabeza bien alta y los ojos bien abiertos.
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